y subsidios
HEIGE HANSEN, PRESIDENTE DE KBA, DA SU OPINIÓN SOBRE EL MERCADO DE MAQUINARIA Y DEBATE SOBRE LA POSIBLE FUSIÓN DE SUS DOS GRANDES COMPETIDORES GERMANOS.
Por GUILLERMO Arroyo
n la edición número 35, de su medio informativo Report, la empresa germana Koenig & Bauer AG (KBA), reprodujo un análisis editorial de Heige Hansen, presidente del corporativo fabricante de maquinaria.
En dicha misiva, el ejecutivo recordó que a más de un año de la quiebra del banco de inversión americano Lehman Brothers (considerado el catalizador de las posteriores turbulencias económicas y financieras), todo apunta a un paulatino final de la recesión. Aún con cautela, manifestó sin embargo que “seguramente estaremos lejos de un período de auge consistente”.
El directivo manifestó que todo indica que ya se tocó fondo, y mencionó el caso de su propia compañía, de quien dijo, en cuanto a máquinas offset de pliegos, tuvo más pedidos en el segundo y tercer trimestre de 2009,
que en los primeros tres meses del año. Aseguró que para los fabricantes de maquinaria gráfica, 2010 y 2011 seguirán tendiendo un volumen de mercado mucho menor que en 2005 o 2006.
Un dato revelador fue el número de empleados de su propia compañía, circunstancia que formó parte de una nueva adaptación a las condiciones de mercado. “A finales de 2008, el Grupo KBA daba trabajo todavía a más de 8 mil 100 empleados, a finales de 2009 serán menos de 7mil, y durante 2010 la plantilla se estabilizará en torno a los 6 mil 500”. Mencionó que este recorte a la plantilla fue muy desagradable, pero dijo que un desplome del mercado en tales dimensiones y duración, los obligó a
tomar decisiones impopulares para salvar el todo.
Incluso, se dio tiempo para comentar que los apoyos gubernamentales
no fueron parte de la estrategia de KBA, como sí sucedió con otro fabricante germano. “Pedir ayuda al estado, tan de moda ahora, lleva a un callejón sin salida o a un aplazamiento de los necesarios reajustes estructurales”. En el mismo sentido, opinó que en el ramo gráfico, el mero tamaño y el número de empleados de una empresa tampoco pueden ser el único criterio para obtener ayuda estatal. “Con estas decisiones tan problemáticas para una competencia bien regulada a menudo se pierden los puestos de trabajo en otras empresas que, como nosotros, durante las épocas buenas gestionaron de modo consistente, se abstuvieron de repartir excesivos dividendos, renunciaron a costosos programas de reasignación de acciones o a inversiones desproporcionadas; empresas que, nadando a contracorriente, acumularon reservas para las épocas difíciles”.


